Germina y se abona con el amor por su tierra de Rosa Edith Quiroga, líder de la Asociación Cosechar

El Proyecto Productivo de “sacha inchi”, apoyado por la Fundación Oleoducto Vivo, de ODL-Bicentenario, en Puerto Gaitán (Meta)

Noviembre de 2019

Rosa Quiroga. Líder Asociación Cosechar.
Rosa Quiroga. Líder Asociación Cosechar.

“Yo tengo un amor recalcitrante que recorre mis venas: estoy tragada, embobada con mi tierra”, dice Rosa Edith Quiroga, líder de la Asociación Cosechar, grupo de productores dedicado al cultivo de “sacha inchi”, en Puerto Gaitán, Meta.

Rosa Quiroga es una mujer nacida y cridada en las inmensas, extensas y majestuosas sabanas llaneras; una persona de carácter, madre cabeza de familia de dos hijos, profesional especializada; pero, sobre todo, como ella misma lo dice: ¡orgullosamente campesina y curiosa!

Los libros cambiaron su vida

El camino para llegar hasta donde hoy está no fue fácil. Nacida en Acacias, hija de familia campesina, desde muy pequeña asumió las tareas que se le entregan tradicionalmente a las niñas: prender el fogón, responder por el cuidado de sus hermanos siete hermanos y traer las provisiones de muy lejos.

A los 10 años, la enviaron a trabajar como dama de compañía de la dueña de un hato; allí tuvo la fortuna de encontrar la biblioteca de los patrones. Y ellos -que vieron la inteligencia de la niña- la motivaron a adentrarse en el mundo de los libros y más tarde a validar la primaria y a hacer bachillerato. “Los libros cambiaron mi vida. Pude viajar por el Nilo, el Támesis, recorrer las calles parisinas y sumergirme en lo profundo del mar.”

Con el bachillerato, se fue a vivir a Villavicencio, donde comenzó a estudiar un técnico contable, “pues en ese entonces, a las mujeres solo nos daban trabajo de secretarias, mecanógrafas o taquígrafas”, menciona. Luego estudió en la ESAP, Administración Pública; en la Universidad Santo Tomas, Licenciatura en Preescolar; en la UNAD, Administración de Empresas; y por último, se especializó la Universidad Gran Colombia en Gestión de Empresas y Economía Solidaria.

Pero para ella “si uno no va a la fuente, si no ponemos el conocimiento en las manos de la gente, ese conocimiento no sirve de nada. Por eso volví al campo, porque en mi sangre corre la energía del árbol y de las aves y es aquí donde hay que hacer la tarea.”

Después de trabajar con el ICBF en Villavicencio en programas de formación de Madres Comunitarias; de aportar en la creación de una organización de economía solidaria para estas mismas Madres Comunitarias, Rosa Quiroga, decidió comprar a crédito un par de hectáreas para sembrar “sacha inchi”.

El Maní de los Incas: alternativa productiva y saludable

El “sacha inchi”, llamado “maní de los incas” es una planta originaria del Amazonas y es considerado un alimento de alto valor nutricional por su grado ácidos grasos omega 3 (más del 48%), omega 6 (36%) y omega 9 (8%). Contiene antioxidantes, vitamina A y alfa-tocoferol y vitamina E. Rosa oyó hablar de este producto en una reunión de “gente curiosa” y desde entonces se ha convertido en su sueño y en el motor del proyecto productivo de la Asociación Cosechar.

“Mi sueño es llevarle salud a mi comunidad, salud financiera y salud física, porque las dos son necesarias y uno no puede vivir bien sin tener las dos”, afirma. “Nosotros como campesinos tenemos que empoderarnos. Y en ese empoderarnos tenemos que pensar en los jóvenes. los jóvenes deben capacitarse, recorrer el mundo, conocer productos nuevos, formas diferentes de hacer las cosas, pero siempre regresar a poner en práctica lo aprendido. Pero eso no se hace con palabras, eso se hace con hechos, con proyectos como el que nos está apoyando ODL. Así los jóvenes ven que este campo sí se puede transformar”.

En cuanto al cultivo, para Rosa Edith Quiroga la idea no es solamente producir para que otros consuman, sino que los propios habitantes de la zona se alimenten también con el “sacha inchi” porque “merecen esta nutrición.

Rosa Semilla

A donde quiera que va, Rosa va recogiendo semillas, preguntando y hablando con la gente. Para ella lo único “que no se da”, es lo que no se siembra. Pero sembrar para ella es actuar. En su cultivo hace pruebas para encontrar nuevas formas de abonar, producir y transformar el sacha inchi en dulces, conservas y bebidas.

Sobrepasando los problemas normales de los comienzos (falta de trabajo en equipo y desconocimiento de una planta tan remota), hoy son 20 familias las que están agrupadas en la Asociación y con el apoyo de la Fundación Oleoducto Vivo, de ODL-Bicentenario, han logrado los equipos para la transformación de la materia prima en diferentes productos.

Su sueño es que esta producción sea competitiva y pueda llegar a mercados nacionales e internacionales, siempre y cuando su propia comunidad también conozca este alimento y se cree demanda en esa zona del Meta.

“Nuestra visión es ser competitivos con calidad, con valores agregados que van a salir de nuestra tierra, desde el proceso de abonado en adelante. La gente tiene que saber que en este cultivo no estamos usando ningún agroquímico.”

Hoy en la granja piloto de Villa Leonardo, donde se desarrolla el proyecto, el objetivo es convertir la enredadera en un arbusto para poder aprovechar mejor la tierra y tener más arbustos que necesiten menos distancia, con lo cual mejorará la densidad de árboles y la producción.

Así, Rosa Edith Quiroga, siembra la semilla de la productividad y la esperanza en su región.

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